Contenidos y modos de expresión: Tendencias en la
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El nuevo contexto político español, la apertura cultural hacia
los países occidentales y la modernización del mercado, harán
que la literatura infantil y juvenil experimente una espectacular transformación
y un importante desarrollo, tanto cuantitativo como cualitativo, a partir
de mediados de los años setenta. Cualitativamente los cambios vendrán
determinados por una renovación respecto a:
Las nuevas corrientes de literatura infantil desarrolladas en Europa a partir de los años sesenta, amparadas en el pensamiento antiautoritario, estarán por fin presentes en España gracias a la política de traducciones desarrollada en los años setenta y ochenta.
Esta circunstancia incidirá también en la propia creación de los autores nacionales, que adoptarán los postulados renovadores vigentes en el continente, rompiendo definitivamente el aislamiento de la literatura infantil española.
La renovación entrará en España de manos de la corriente fantástica, entendiendo la fantasía de manera bien diferente a la simple evasión de la realidad. Se producirá un gran desarrollo del realismo, de índole social o poniendo la atención en la persona, mágico o crítico; el humor, en sí o al servicio de la crítica, tendrá también un gran despliegue.
Desde una enriquecida perspectiva se abordarán nuevos temas y se desecharán otros como el del mundo rural y la infancia vivida en él, tan explotados con anterioridad. La principal característica de esta nueva situación en la literatura para niños, es el abandono de la actitud de protección del niño frente a la realidad.
En consecuencia, se rompe con la delimitación de temas adecuados o no a la infancia y como resultado, la temática de los libros infantiles y juveniles se abre a los conflictos sociales y personales, a la realidad inmediata y compleja que rodea al lector.
A continuación se enumeran los grandes rasgos que caracterizan y definen esta nueva situación en relación a los contenidos:
La muerte, el racismo, la libertad, la ecología, el divorcio, el sexismo, las minusvalías, el desamor, la búsqueda de la propia identidad,...son ejemplos de esta ampliación temática, que huye de la creación artificial de un mundo a la medida del niño y de la ocultación del dolor y de los conflictos. Desde los años setenta a la actualidad se producirá una evolución en el planteamiento de la realidad; desde una actitud colectiva y combativa (feminismo, pacifismo, antiautoritarismo,...) se desplazará la atención hacia la persona y los conflictos individuales (soledad, enfermedad...). Esta extensión de la literatura infantil y juvenil hacia los temas sociales y psicológicos, busca que los niños y niñas reconozcan y consideren los conflictos y así incrementar su capacidad de afrontarlos.
La literatura infantil en su dimensión realista presenta un conjunto de nuevas situaciones que responden a un intento de :
Acorde con una sociedad moderna, en la que no existe una única propuesta configuradora del mundo, la literatura infantil ofrece en sus temas una multiplicidad de opciones y modelos. También se pone especial énfasis en la defensa de determinados valores como la paz, la ecología o la tolerancia. En los últimos años, aprovechando el tratamiento transversal de estos temas en la escuela, existe una verdadera inflación de cuentos y novelas que los toman de manera oportunista, con resultados mediocres en cuanto a valor literario.
La vida rural, el pueblo, tradicional escenario de relatos infantiles en España, será definitivamente sustituido por una mirada profunda en el entorno urbano, sus relaciones, costumbres y conflictos. Los autores que fijan su atención en el mundo rural, como Juan Farias, ofrecerán una visión realista y crítica, lejos del lirismo y la idealización del campo. Muy ligado al desarrollo del realismo y la denuncia social, y al auge de la novela juvenil, la ciudad aparecerá con toda su crudeza, ligada a fenómenos como la droga, la delincuencia y la marginación.
La novela histórica o de corte histórico sufrirá una renovación respecto a épocas pasadas. No se trata ya de cantar las gestas del imperio y ofrecer una visión manipulada e interesada del acontecer histórico, sino que se busca mostrar, desde diversas perspectivas, hechos y épocas pretéritas para darlas a conocer al lector de hoy.
En esta línea, tímidamente aparecen textos en los que se aborda, de una manera, más o menos abierta, la guerra civil y la postguerra española, en un intento de recuperar con un mayor sentido de la verdad épocas vetadas e intencionadamente olvidadas en la literatura para niños y jóvenes. El relato histórico para niños tendrá también un fuerte desarrollo en las literaturas en lenguas distintas al castellano, especialmente en el caso catalán.
La narración histórica jugará en estos casos un papel vertebrador en las distintas comunidades y será una forma de contribuir a la recuperación de la historia y señas de identidad de las diferentes culturas del estado.
El cambio que se produce en la literatura infantil y juvenil no reside únicamente en lo que hoy se escribe para niños y jóvenes, sino también en la manera en que se hace. La investigación estilística y la búsqueda de nuevas formas narrativas configuran una literatura más rica.
La aparición de nuevos temas y la inclusión de una temática más compleja conlleva la experimentación con las reglas de construcción formal en los textos para intentar reflejar estos nuevos contenidos. Seguimos la exposición de Teresa Colomer22 que en su artículo nos pone en la pista de algunas de las innovaciones que se van a producir en cuanto a la construcción de los textos y que se centra principalmente en dos aspectos:
Desde que la ilustración deja de aportar una información meramente redundante respecto al texto para convertirse también en un código narrativo autónomo, se establecen entre ambos lenguajes relaciones que pueden ser complementarias o contradictorias.
Así se introduce o bien una simultaneidad entre distintas acciones narrativas, o una duplicidad en los mensajes que puede resultar contradictoria, que matiza o desmiente los hechos relatados. ("Yo quiero ser" de Tony Ross o "Lo malo de mamá" de Babette Cole).
Se subvierten los modelos narrativos tradicionales
(el estilo lineal), incorporando aspectos de la experimentación
formal literaria de los movimientos de vanguardia: -
Fragmentación de secuencias. - Proposiciones definidas
múltiples y finales abiertos. - Utilización de recursos
cinematográficos como el flash-back.
La ruptura de la convenciones literarias tradicionales
lleva a establecer relaciones más complejas entre la realidad y
la fantasía.
Si la introducción de la fantasía en un texto tradicional se conseguía mediante el artificio de un sueño, un viaje, o un elemento mágico, en estas nuevas obras, el lector se verá obligado a interpretar el texto y a ejercer un discernimiento entre una y otra.
La ambigüedad, la ironía, imponen formas de interferencia que da como resultado realidades múltiples o paradójicas que sólo tienen vigencia a partir de las propias reglas de la obra literaria. (Tenemos un excelente ejemplo en la obra del ilustrador A. Browne o en textos de autores como J. Senell).
Aparte de una escritura poética y lírica a la que algunos autores recurren, el lenguaje busca un equilibrio de la expresión según la edad del lector al que se dirige el texto. Pero destacaremos en la evolución expresiva la incorporación del lenguaje popular y coloquial en el contexto del relato. Buscando la identificación con el punto de vista del protagonista se pretende una verosimilitud en el lenguaje que se quiere cercano al lector.
Aunque en algunos textos se llega a producir una confusión, no respetando las diferencias necesarias entre el lenguaje literario y el lenguaje hablado. La influencia de los medios de comunicación ha indroducido rapidez en el lenguaje, abundacia de diálogos y supresión en muchos casos de descripciones y ambientes.
Frases simples de estructura sujeto-verbo-complemento permiten una escritura cinematográfica, rápida y cargada de términos jergales. La ruptura de las barreras entre los géneros ha dado lugar a la introducción en el texto narrativo de otras modalidades expresivas como las procedentes de la prensa (anuncios por palabras, noticias...) y también el ensayo y el humor gráfico se mezclan en el relato.
Todos estos recursos formales requieren la figura de un nuevo lector activo que interpreta y construye el sentido del texto. La obra literaria no se ofrece como una totalidad terminada y cerrada en sí misma, sino como un juego compartido entre el emisor y el receptor.
La fundamentación teórica de la poética de la recepción apoya esta nueva idea en la que el lector es una instancia constitutiva del texto artístico.
Ya hemos señalado en apartados anteriores que el nuevo modelo de lectura comprensiva presupone un lector que debe ir buscando, a través del libro, continuos ajustes por medio de la imaginación, porque las palabras leídas ni pueden representar referentes reales -en sentido estricto- ni transportan significados inamovibles.23
El autor se sirve de múltiples recursos formales para recordarle al lector que tiene un papel importante que jugar en la reconstrucción del sentido:
- Explicitación de las relaciones entre autor-mensaje y lector.
- El autor propone al lector la elección de un final o de diferentes opciones.
- Utiliza una tradición cultural común como marco de referencia.
- Creación de espacios vacíos que el lector debe completar para comprender el texto.