Panorama de la literatura infantil y juvenil desde 1995 a 2002

seguir

1. Principales tendencias observadas

Se puede decir que la LIJ, al igual que las personas a quienes se destina, “ha pegado un estirón”, “ha crecido” sobre todo en tamaño y en algunos casos en profundidad.

Es una literatura que cada vez más mira la tele y el cine; desde hace dos o tres años también navega bastante por Internet 42.

Mantiene a menudo unos niveles de “escolarización” elevados tanto en contenidos y temas como en que es en la escuela donde la lectura destaca como actividad primordial , no placentera sino obligatoria.

Asimismo responde a movimientos y fenómenos globalizadores (véanse a modo de ejemplo Harry Potter y El Señor de los Anillos) que en muchos casos han ayudado a desescolarizar la lectura , pese al gran nivel de consumismo y abuso mediático en que están inmersos a nivel mundial.

Los elementos más novedosos en esta década son:

  1. La incorporación de escritores y escritoras procedentes de la enseñanza y de la literatura en general.

  2. La confluencia simultánea de autores de varias generaciones con la consiguiente mezcla generacional.

  3. La importancia que están teniendo algunos de los premios de LIJ y su aportación a la edición.

  4. El talante crítico de muchos de los autores y autoras ante la invisibilidad de la LIJ , especialmente en los medios de comunicación.

  5. El esfuerzo creativo de algunos autores para garantizar “una literatura genuina, de un tono elevado, acorde con las exigencias de un tiempo en el que día a día, la realidad se transforma” 43

  6. Se advierten dos situaciones bien diferenciadas: “la presencia dominante de literaturas de acomodo, aferradas al pasado y literaturas en minoría , de responsabilidad, atentas a los cambios estéticos y culturales del tiempo que les ha tocado vivir” 44
    Es de destacar la consolidación de pequeñas empresas editoriales que han ido surgiendo a lo largo de esta década : Kalandraka, Corimbo, Media Vaca; Serres; Editores Asociados; Lóguez, etc. que son las que están ofreciendo una mayor riqueza y variedad en el panorama artístico y literario.

Asimismo es destacable la instalación en España de editoriales de raigambre en Hispanoamérica como Ekaré o el FCE , y también el desarrollo de colecciones comprometidas con la LIJ a cargo de editoriales ya consolidadas: Alandar y Ala delta (Edelvives); La Sopa de Libros (Anaya).En lo que se refiere a las tendencias temáticas predominan las establecidas por Felicidad Orquin 45: fantasía , realismo, recuperación del folclore y como líneas innovadoras las tendencias antiautoritaria, emancipadora y utópica.

En estos últimos años además están proliferando los libros históricos para todas las edades y los temas candentes como compromisos sociales, problemas de convivencia, solidaridad con el entorno y con los que nos rodean. Sus protagonistas son niños y jóvenes valientes , realistas conscientes y comprometidos con el mundo en que les ha tocado vivir. Se tratan todos los temas que interesan a cada grupo de edad abordándolos de forma variada.Los libros de conocimiento despuntan en relación a su situación en la década anterior, siendo actualmente uno de los principales intereses de las editoriales de LIJ, con ediciones espectaculares en cuanto a las fotografías y al uso de aplicaciones informáticas que hacen más atractiva su lectura.

Ha crecido mucho la oferta para prelectores y primeros lectores , teniendo cada vez más claro que leer es comprender , no sólo descifrar los textos y por otra parte la riqueza personal que supone la mediación en la lectura , tanto para los padres y madres como para los maestros y maestras.

Por otra parte se está intentando conectar con el público juvenil desde el humor, la fantasía y la imaginación para tratar temas difíciles, con libros que dan una visión más amplia y profunda de la realidad actual.
No obstante, en un estudio de la Fundación Bertelsmann realizado en el curso 1999- 2000 con una muestra de 1017 chicos y 1000 chicas de 25 escuelas con edades comprendidas entre los 8 y 16 años, las respuestas sobre el tipo de libro preferido se distribuyeron como sigue:

Estos datos y otras premisas respecto a las características de la novela infantil y juvenil, los hábitos lectores y las características propias de la obra permiten a Jesús Gilabert 46 explicar las claves del éxito de Harry Potter y su conexión con miles de lectores al margen de las lecturas escolarizadas Capitulo aparte merecen la poesía, el álbum ilustrado, el teatro y la LIJ en Internet.

2. La poesía infantil de los 90

En el ámbito de la edición, las publicaciones destinadas a niños y jóvenes, experimentan un importante crecimiento cuantitativo, ya que se duplica ampliamente la producción de los ochenta: se puede hablar de más de dos centenares de títulos que dibujan un panorama de creciente interés por este género

Se produce un cambio en la percepción de lo que es la poesía infantil, que ya no se asocia necesaria o primordialmente al folclore como fuente de experiencias poéticas, sino que se vincula más a la creación individual y al patrimonio heredado, poseedor de un enorme caudal poético para ofrecer a niños y adolescentes aunque no se escribiera para ellos.

El valor otorgado a esta tradición literaria explica la profusión de antologías que salpican la década.
La variedad de criterios y propósitos que caracteriza a las antologías se advierte también en las recopilaciones de lírica popular.

Frente al mayoritario interés por las adivinanzas que se había manifestado en los ochenta, encontramos en estos últimos doce años recopilaciones de todos los géneros de la tradición oral: trabalenguas, nanas, juegos y canciones, adivinanzas, historias rimadas, villancicos y varias ediciones de romances.

También hay recopilaciones que se dedican al folclore español o al hispanoamericano; selecciones para pequeños, para adolescentes y para adultos (padres, profesores, mediadores); ediciones escolares y ediciones infantiles.

En cuanto a la edición de creaciones para niños, en los noventa hemos asistido a la desaparición o reconversión de algunas editoriales que prestaban especial atención a este género, incluso con colecciones específicas (Escuela Española, con Caballo de Cartón, Didascalia, Labor, Miñón) y también a la creación de otras, como la colección Ajonjolí, de editorial Hiperión, en 1995, que recoge la obra de autores, españoles en su mayoría, que escriben "para niños de todas las edades" , y la colección Caracol, en 1998, que edita la Diputación Provincial de Málaga y dirige Antonio Gómez Yebra.

Dos activas colecciones que en poco tiempo han dado a la luz un importante número de poemarios.Otras editoriales incluyen en sus colecciones libros de poesía en mayor proporción que en la década anterior: Anaya. en Sopa de libros, Edelvives en Ala Delta, Espasa Calpe en Espasa Juvenil, Everest en Montaña Encantada.

Es destacable también la edición de poesía para muy pequeños: la atención creciente que en el conjunto de la producción literaria para niños se presta a estas edades tempranas alcanza también a la poesía, como se puede observar en los sencillos poemarios o selecciones folclóricas que ha publicado SM en sus colecciones Los duros o Los piratas. las de Espasa Calpe en Austral Infantil o Anaya en las series para pequeños de Sopa de Libros.

La poesía para estas edades suele revestir la forma de historia rimadas, con frecuente uso del pareado como estructura más simple que permite el juego con la rima y el sonido y siempre con las formas elementales de la lírica popular como referencia.

También aumentan en esta década las traducciones. aunque siguen siendo escasas y en su mayoría son historias rimadas para pequeños o claramente narraciones en verso.

Si nos preguntamos de qué habla la poesía a los niños de los noventa, cuáles son sus temas, encontramos que de nuevo se impone la corriente animalística, que impregna la práctica totalidad de la creación demostrando la profunda imbricación que tiene en el alma humana la vida animal en sus infinitas formas y, desde luego, su ancestral relación de convivencia con la infancia.

Algunos poemarios responden a esta temática en su totalidad y otros sólo en parte. Incluso cabe la intervención de la fantasía para crear seres imaginarios, animales irreales que transitan por igual los laberintos de lo mágico, lo regocijante y lo onírico Importante presencia tiene también el mundo vegetal (en poemarios como Versos vegetales, de Antonio Rubio, o Verdes amigos, de Romero Yebra),el mar, el paisaje, la naturaleza en general.

También la vida cotidiana con todas sus incidencias, la vida escolar e infantil. Pero a diferencia de la década anterior y analizando la obra de los nuevos autores, interesan menos los personajes de cuentos y del imaginario tradicional infantil y aparece en cambio un cierto número de poemas que proyectan una mirada crítica sobre temas de actualidad: violencia, droga, quema y tala de bosques, desigualdades sociales, contaminación y deshumanización de la ciudad. La escasa proporción de esta temática la hace pasar casi desapercibida, pero no deja de ser muestra de una nueva sensibilidad que empieza a ocupar un lugar en la creación poética para niños.

En cuanto a los aspectos formales, la lírica tradicional sigue siendo la principal fuente de recursos, si bien en diverso grado y manera. Los paralelismos sintácticos y semánticos, las repeticiones a modo de estribillo, las enumeraciones, ritmos binarios y métrica popular (metros cortos, coplas, pareados, asonancias) son algunos de los procedimientos más utilizados, que terminan por perfilar una fisonomía "de familia" para estos poemas.

Se aprecia una fuerte tendencia a la recreación de géneros y formas de la lírica tradicional, con poemarios que contienen nuevas adivinanzas, nanas, canciones, juegos, trabalenguas o historias rimadas. Pero, al mismo tiempo, no pocos autores acusan la influencia de la tradición vanguardista y los poetas del 27, y crean poemas donde se reconoce a Lorca, a Gómez de la Serna, a Juan Ramón Jiménez y a los "ismos" que nos descubrieron en los años veinte el valor del sonido, el color y el olor de las palabras, la poesía visual o la densidad simbólica de las imágenes

Entrados ya en el siglo XXI, hay signos que son indicadores de un tiempo nuevo: la obra de autores que han sabido asimilar profundamente las más antiguas raíces de la lírica para recrearlas con una nueva voz; la minoritaria, pero viva y real voluntad de búsqueda de nuevas formas para nuevos lectores; la renovada vigencia de nuestra mejor tradición poética, continuamente reclamada como la mejor escalera para subir los peldaños de la educación poética y reeditada en numerosas antologías; el aumento de la edición, que ha alcanzado sus mejores niveles en términos históricos, y la creciente atención de la que el género está siendo objeto por parte de la investigación y la crítica .

Si bien es cierto que, en términos generales, las características de nuestro mundo actual hacen buena la frase "malos tiempos para la lírica", la mirada hacia atrás proyecta sobre el presente una lectura más optimista. Admitiendo, con Francisco Brines, que "la poesía no tiene público, tiene lectores" 47 y por tanto nunca será lectura de masas, su capacidad para enseñar a mirar, afinar la sensibilidad y, en suma, hacer la vida mejor, hace de ella algo necesario para todas las etapas de la vida. y quizá nunca hemos estado en mejores condiciones para satisfacer esta necesidad en los niños y niñas.” 48

3. El álbum ilustrado

En la década de los 90 y lo que llevamos de 2000 se ha registrado un gran avance en cuanto a la calidad y cantidad de álbumes ilustrados publicados, con características configurativas y estéticas propias.

Parece que tras unos años de escasez ahora no sólo se traducen álbumes innovadores que reflejan las últimas tendencias artísticas sino que también se editan algunos de producción nacional que no tienen nada que envidiar a los extranjeros. “Resulta aventurado hablar de tendencias de un año para otro en un género tan abierto -en edades lectoras, temas, referencias estéticas, ámbito geográfico de procedencia, etc- como el álbum.

 

De todas formas, escribo prudentemente a continuación unas pequeñas pistas de lo que me ha parecido percibir:

  1. Siguen siendo mejores, o más coherentes, hablando en general, los álbumes de un solo autor que los que comparten la creación entre escritor e ilustrador.

  2. El Álbum ilustrado, como género narrativo específico, "sirve" para todas las edades lectoras. Es más, se nota una tendencia a alargar la franja lectora del mismo, con apuestas más bien dirigidas a los "mayores" que a los pequeños (primeros lectores o prelectores).

  3. Hay un nuevo despegue, iniciado en años anteriores, en la edición de álbumes: mayor cantidad, mayor calidad. Este impulso es llevado a cabo, sobre todo, por pequeñas editoriales: jóvenes que se van consolidando (Corimbo,
    Kalandraka, Kókinos, Media Vaca, Serres, Tándem, Zariquiey) o veteranas que mantienen el rumbo contra viento y marea (La Galera, Juventud, Lóguez, Lumen), y grandes que siguen apostando tímidamente por el álbum (Destino,
    Everest, SM). Sin olvidar que ya se distribuyen en España magníficos álbumes en castellano de editoriales americanas (FCE, de México -de toda la vida- y ahora la prestigiosa Ekaré, venezolana), aunque con un año de retraso.

  4. Quizá lo más destacable sea un aumento de la producción de álbumes de "fabricación casera" , de autoría española, y de autores nuevos o casi nuevos, a pesar de la falta de tradición y los escasos reconocimientos que han cosechado nuestros álbumes, hablando en términos históricos.

  5. En resumen, hay ilusión. Así que todo es posible. El panorama futuro de los álbumes, me parece, se presenta optimista para todos: ilustradores, escritores, editores, libreros, bibliotecarios, maestros; y, muy especialmente, para los niños.” 49

4. Teatro

“Lo primero que llama la atención en lo relativo al teatro es la gran escasez de títulos publicados. Por otra parte, las obras publicadas vienen a cubrir, en su mayoría, una demanda muy concreta que no es tanto la de su lectura ni, menos aún, la de su montaje profesional para un público infantil como, sobre todo, la de su montaje en el aula, lo que determina en gran medida las características de estos libros y en ocasiones su calidad literaria y teatral. A pesar de que está estudiado que el dinamismo de su lectura lo convierte en un género especialmente atractivo para niños y jóvenes, lo cierto es que, hoy por hoy, en las aulas apenas se contempla el teatro como género para ser leído; e igualmente basta con echar una ojeada a las carteleras para comprobar que la inmensa mayoría de los títulos que se representan en los escenarios no están publicados en colección alguna”.50 Es de destacar la publicación monográfica de la Asociación de Amigos del Libro sobre Teatro 51, en la que se reseñan las obras publicadas de teatro Infantil y Juvenil de los últimos 20 años (lástima que algunas de ellas sean difíciles de localizar al estar descatalogadas).

5. Internet

En los últimos años han aparecido interesantes iniciativas en Internet relacionadas con la promoción y la difusión de la literatura infantil y juvenil, que se han concretado en sitios web muy diversos: revistas, bases de datos, servicios interactivos, observatorios de la producción, etc.

Es muy interesante el monográfico Conocer: la LIJ en la red coordinado por M. Jesús Rodríguez y Mercedes Figuerola en Lazarillo nº 5, Madrid, 2001, especialmente los artículos Los 50 sitios sobre LIJ que quiso encontrar en la red y nunca tuvo tiempo de buscar , por Rafael Reoyo , Publicar en internet por José Ramón Gómez Sesma y Villar Arellano , y ¿Qué dicen los editores? Por Mercedes Figuerola y M. Jesús Rodríguez.

6. Conclusiones

Para finalizar este anexo sobre la LIJ de esta última década y su situación presente sobre todo en relación a la Biblioteca Escolar, nada mejor que recoger las palabras de Teresa Colomer:

“El itinerario de aprendizaje (.….) y en el campo de la práctica, fue la entrada de la literatura infantil y juvenil en la escuela la que propició la reflexión sobre su uso.
Habíamos reivindicado la biblioteca escolar, los libros en el aula, el aprendizaje de la lectura sobre cuentos reales.

Bien, ya están ahí de forma generalizada. Pero ahora necesitamos saber qué competencias deben adquirir los alumnos y qué prácticas ayudan a su desarrollo. Esas preguntas nos han aliado con la enseñanza de la literatura en el ámbito escolar. Creo que hay que dirigirse, pues, a entender cómo los niños y niñas aprenden a leer literatura y quién les enseña a hacerlo.Sabemos que la respuesta pasa, por una parte, por el análisis de los libros; por comprender cómo las obras se despliegan como un mapa lleno de pistas para construir a su lector, para llevarle de la mano hacia terrenos cada vez más complejos, para exigirle la puesta en juego de una mayor experiencia de vida y de lectura.Por ejemplo, no hay historias secundarias en los libros para primeros lectores, pero puede haberlas en la imagen, de forma que, para cuando el niño se encuentra con narraciones intercaladas en el texto, ya se ha acostumbrado a desviarse y volver al hilo principal.

Podemos afirmar que, en este sentido, la literatura para niños y niñas funciona como una escalera con barandilla que tira del lector a la vez que le apoya, que se pone a su nivel al tiempo que le abre nuevos horizontes.

También sabemos que, por otra parte, esa tarea es social. El niño que lee un libro lo hace en el seno de una familia, en el aula o en la biblioteca, hablando con los adultos y con los otros lectores infantiles, inmerso incluso en medio de múltiples sistemas ficcionales y artísticos que forman competencias y conocimientos que puede trasvasar a su lectura. El aprendizaje de la literatura se realiza, así, en medio de un gran despliegue social de construcción compartida del significado. Esa idea, «compartir», se está revelando como un concepto clave de nuestra tarea. Colocar la literatura para niños como literatura de aprendizaje, como formación de los nuevos lectores, me parece especialmente interesante.” 52