La edición de texto

    Ahora que ya sabes dónde localizar y cómo abrir y guardar documentos, es el momento de empezar a centrarte en el contenido de los mismos. Así que vamos a enseñarte a modificarlos, moverte por ellos y a que practiques quizás la más importante ventaja que proporcionan los procesadores de  textos: la edición, o lo que es lo mismo: copiar, cortar, pegar o mover, sin tener que volver a escribir, un texto que ya esté escrito.

    Aprovecha este consejo: cuando te pongas a escribir un documento utilizando un procesador de textos, de lo único que debes ocuparte, en principio, es de que el contenido del texto sea el que deseas. No es necesario dar el aspecto correcto a la vez que escribes. De hecho, te recomendamos que no lo hagas si esto te va a suponer perder el hilo que estás escribiendo; aunque la presentación sea desastrosa.

    Nuestro propósito ahora es que lleves a cabo una serie de operaciones para que, una vez escrito el texto, sepas darle una forma y presentación tales que alcance la categoría de documento.

    Para ello tienes dos opciones: o escribes el documento tal y como te lo presentamos más adelante, o aprovechas el que ya te facilitamos en la carpeta , del CD-ROM del curso.

    Lo suponíamos. Localiza en el fichero . Como ya supondrás, este archivo contiene texto que alguien escribió previamente y lo guardó con ese nombre en el CD-ROM.

    Puedes abrirlo, ver su contenido y cerrarlo cuantas veces quieras y no sufrirá ninguna alteración. Es más,  vas a modificarlo y volverlo a guardar para recuperarlo y continuar trabajando con él más adelante. Eso sí, recuerda que no podrás guardarlo de nuevo en el CD-ROM porque éste es un dispositivo de sólo lectura, pero ahora ya sabes cómo archivarlo en otro sitio.

    Una vez abierto, tendrá este aspecto:

    Y nosotros trabajaremos en él hasta dejarlo, más o menos, así:

    Conviene que te fijes en que el primer texto no tiene ningún formato especial. Ha sido escrito sin preocuparse de cómo va quedando. En el segundo, ya se ha editado, mejorando la apariencia de alguna de sus partes: se ha formateado la primera línea a un tamaño más adecuado para un título; se le añade una línea de subrayado; se modifican algunos atributos al tipo de letra en el subtítulo; se incorporan nuevos elementos, como una letra capital al principio del primer párrafo; se añade color a ciertos textos, etcétera.

    En todo caso, la moraleja en la que insistimos es en que el usuario, mientras escribe, no debe preocuparse del estilo o apariencia que va adoptando el texto (salvo que sea estrictamente necesario). Luego, ya con más calma, se formateará el documento con los elementos ornamentales que se deseen.