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Montaje continuo
Es el montaje dominante y se podría identificar como "el
montaje de Hollywood".
Persigue la continuidad narrativa con fluidez, con transiciones
suaves entre planos (como en los montajes de Wyler
o de Lean, por ejemplo). Aunque los
buenos creadores también cuidan las relaciones gráficas
y rítmicas, en este estilo predominan las relaciones espaciales
y temporales, buscando:
La continuidad espacial con puestas en escena subordinadas
a la acción, con pistas de situación y sin planos
que confundan; sin saltos de eje; y siendo todo coherente y lógico.
La continuidad temporal, siguiendo el relato cronológicamente,
sin dilataciones ni abstracciones; apoyando con el sonido y con
puntuaciones ópticas, tratando de cubrir los tiempos muertos;
las alteraciones son lógicas y fáciles de entender,
porque se explican con recursos estereotipados.
En el cine clásico el montaje es un proceso de síntesis,
la película se construye con cortes para que pasen desapercibidos;
pero últimamente, el montaje se hace evidente con muchos
cortes por necesidad de ritmo, rápido y con saltos, como
en la publicidad y en los video-clips.
Montaje discontinuo
En algunas películas las cualidades gráficas y rítmicas
ganan importancia ante las espacio-temporales de continuidad. Son
películas menos, o nada, narrativas. Estas cualidades también
se utilizan en el montaje continuo, pero en la medida en que su
uso aumente la película será más abstracta,
más discontinua.
La discontinuidad espacial y temporal supone narraciones más
ambiguas, ya que se intercalan planos sin relación espacial
o temporal, incluso no diegéticos; se violan las leyes de
emplazamiento de cámara; se manipula el tiempo variando la
duración, la frecuencia y el orden de los hechos; se desafía
la narrativa clásica, retando la percepción del espectador
y hasta desorientándolo, exigiéndole más concentración
para unir los fragmentos.
Hay manifestaciones como las del canadiense
Norman Mc Laren en los años 30 y 40, o las nacidas
de las experiencias en videocreación en los 60, como las
de Rybczinsky y Nan
June Paik, que no utilizan las fórmulas convencionales,
y si bien sus técnicas de multipantallas, distorsiones y
asincronías no llegaron a generalizarse, sí que marcan
tendencias que se mantienen y funcionan como otras vanguardias artísticas.
En los años 70 aparecieron muchas innovaciones, como las
de Michael Snow, en películas
de exploración sobre el mismo medio cinematográfico,
articuladas en torno a aspectos de lenguaje.
En otro extremo se colocan las películas con tomas largas
que duran varios minutos, como alternativa a la unión de
muchos planos, como en películas de Renoir,
Mizoguchi, Welles
o Dreyer. En algunas películas
se alternan las tomas largas con el montaje rápido, como
en Ciudadano Kane (1940) de Welles.
En otras se violan las convenciones de continuidad espacial, temporal
y gráfica con saltos de imagen muy perceptibles, junto al
uso de tomas largas y de planos paréntesis, como en Al
final de la escapada (1959)
y otras películas de Godard.
Algunas películas se realizan totalmente con tomas largas,
y puede llegarse al caso extremo de que toda la película
parezca un único plano secuencia (cuando una toma muestra
una escena completa se denomina plano secuencia), como si fuera
de "no montaje" (aunque se basan en el montaje interno
en el plano). Esto ocurre en La soga
(1948), de Hitchcock, o en La dama del lago
(1946)
, de Montgomery.
Muchos experimentos van calando en el montaje convencional. Conviene
observar y comparar diferentes estilos de montaje, aunque algunos
no son fáciles de rastrear ya que no aparecen en el cine
comercial, que suele ser de consumo y sigue fórmulas oficiales
y de masa. Hay más posibilidades en circuitos reducidos,
filmotecas, museos, vídeos, ciertos canales de televisión
y quizás internet.
Para concluir, se podría decir, como Bazin, que el montaje
es una de las bases del cine formalista, mientras que la puesta
en escena, la profundidad de campo y la toma larga son las características
del cine realista. Sin embargo, las cosas no quedan tan delimitadas,
ambos aspectos pueden ser utilizados conjuntamente, y forman parte
uno de otro. El montaje hace en el tiempo lo que la puesta en escena
en el espacio, y ambos se integran en un cuerpo único. Lo
que importa es la "voz" de la película", y
que ésta sea honesta y esté bien resuelta.
Un ejemplo de montaje. La escena de la ducha en
Psicosis, de Hitchcock
El cine opera con códigos, como los códigos culturales
o los códigos "casi exclusivos" del medio, como
el montaje (también lo hay en la novela).
En la escena hay dos personajes, dos acciones que se desarrollan
en un corto tiempo y tres tipos de códigos:
los que se comparten con otras artes: el tema del baño,
la actuación de los personajes, la composición de
las imágenes y la música (Bernard Herrmann)
los culturales: la ducha y el asesinato. La ducha significa
intimidad y regeneración. El asesinato es absurdo pero impactante,
es rechazado pero nos atrae.
los cinematográficos: el montaje y el corte de la
acción, con los que se construye la sintaxis de la escena
y se transmite el efecto deseado por el autor. Se utilizan 70 planos
en un minuto, produciendo la impresión de continuidad y logrando
que el conjunto sea más potente que la suma de las partes,
más gráfico y aterrador.
Un ejemplo de montaje interno en un plano secuencia.
La secuencia de inicio de Sed de mal, de Welles
La toma larga puede tener su desarrollo interno y
su propia estructura formal. En esta secuencia con un único
plano se muestran signos y situaciones que presentan algunas de
las claves de la película. La cámara cambia continuamente
el encuadre mostrando distintos espacios y puntos de interés.
La cámara se mueve, se eleva, retrocede, hace
un travelling hacia atrás siguiendo y reuniendo a
los personajes que van apareciendo; continúa con un travelling
diagonal y otro a la izquierda y sigue moviéndose hasta que
al final, tras casi tres minutos y medio, la toma se corta de repente
con una explosión en off, cambiando a otro plano.
La toma larga presenta en un fragmento de tiempo
una compleja estructura de acciones. Este plano largo muestra una
gran preocupación por las cualidades fotográficas
y el encuadre para conseguir un efecto cinematográfico y
un personal estilo de narración. Para estos elementos, la
duración de la toma es muy importante.

Capítulo 3: Secuencia de la
escalinata de Odessa de El acorazado Potemkin.
Capítulo 5: Plano secuencia
en Sed de Mal.
Capítulo 6: El montaje. Este
capítulo incluye imágenes de "Viaje a la Luna"
de Méliès, "Vida del bombero" de Porter,
y el efecto Kulechov.
Capítulo 7: al final se puede
ver la escena de la ducha de "Psicosis" de Hitchcock.
Capítulo 11: hacia la mitad
se nombra el montaje soviético. "Ballet mecanique"
de Leger.
Capítulo 12: al comienzo se
habla de montaje con la película "Sólo ante el
peligro" de Zinneman.
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