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El
historiador Román Gubern indica, en su Historia del cine
(Editorial Baber, S.A.1988), la vocación cinematográfica
del famoso bisonte de ocho patas de la cueva de Altamira. Una reproducción
de la realidad en la que el primitivo artista intenta imprimir movimiento
a la figura estática, mediante la duplicación de las extremidades
del animal.
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