|
  
|
El film tiene un arranque muy significativo.
Tras el plano inicial de los tejados de la ciudad, que despierta
al nuevo día, se escuchan los cacareos de unas gallinas que
comen arremolinadas en torno a su dueña. Dicho cacareo, como
se puede comprobar más tarde en el transcurso de la película,
constituye uno de los "leit motiv" sonoros de la película,
precisamente el que marcará dramáticamente la secuencia
de clímax de la película: en ella, el profesor Rath
es humillado en la escena del cabaret, condenado a cacarear ante
el público de su ciudad.
Este detalle inicial es una de las
mejores muestras de cómo El ángel
azul es una película decididamente innovadora en cuanto
al uso del sonido. Si hasta ahora la gran parte de las películas
sonoras se habían limitado a usar el sonido en paralelo a
la imagen, redundando sobre ella, El ángel
azul viene a mostrar un pequeño repertorio de elementos
expresivos que el cine no abandonaría ya nunca. Pueden citarse
algunos casos significativos:
-
La potenciación del fuera de campo. Es sabido que la llegada del sonoro se traduce en economía
narrativa, al poder describir con la banda sonora elementos que
antes habían de mostrarse en imagen con un número
mayor o menor de planos. Cuando el profesor huye del cabaret a refugiarse
en la escuela, puede oírse un traqueteo de tren, que no aparece
en imagen. Naturalmente, el cine mudo hubiese tenido que hacer uso
de al menos un plano para mostrarlo.
-
La creación de espacios sonoros. En esta película se encuentran numerosas escenas en las que
el espacio cobra volumen gracias al sonido. Casi todas se desarrollan
en el camerino de Lola Lola. Cada vez que se abre o cierra la puerta,
se percibe o se deja de percibir respectivamente el espacio exterior,
en este caso el escenario del cabaret. Lo mismo ocurre en el aula
del Liceo, cuando el profesor se ve obligado a cerrar una ventana
que deja pasar los cánticos de algún coro cercano.
Al cerrar la ventana, los cánticos desaparecen. Son juegos
sonoros que denotan todavía la novedad del nuevo hallazgo.
-
La creación de "leit-motiv" sonoros. Es curioso el empleo que se hace de ciertos elementos
que serán una constante en toda la película. Las campanadas
del reloj, que anuncian el inicio de una nueva jornada de trabajo.
El estornudo del profesor al llegar cada mañana al aula.
El timbre del cabaret que anuncia la entrada de un nuevo número
musical. Y en la cúspide de todos ellos, el cacareo: emitido
por las gallinas al inicio de la película, y por el profesor
en dos momentos más, en el de su boda primero, como motivo
alegre de celebración, y en el escenario después,
como síntoma externo de una degradación implacable.
-
La utilización de cabalgados sonoros. En numerosas ocasiones, el sonido de un plano determinado comienza
a oírse sobre el plano anterior. En la mayoría de
las ocasiones suele utilizarse como recurso aglutinador y de continuidad,
pero en otros momentos alcanza cotas de emotividad interesantes.
Por ejemplo, en uno de los flirteos seductores de Lola Lola con
el profesor, éste termina con el rostro cubierto de polvo
de maquillaje. La cantante ríe y exclama: "¡si
le viesen sus alumnos!". Este parlamento concluye sobre la
imagen de los alumnos, que, semiocultos por la puerta de la trampilla
del sótano, observan con sorna la escena. En la escena en
la que el profesor le pide la mano a Lola Lola, y tras las sonoras
risas de la chica, el beso con que ambos sellan el compromiso es
cubierto con el sonido impertinente de un organillo de feria. Inmediatamente
se descubre que alguien ha abierto la puerta del camerino, y que
dicho sonido proviene del escenario. En este caso el sonido (la
melodía circense) viene a entrar en conflicto con la imagen
(el beso de amor), en un guiño narrativo que anticipa el
infeliz desenlace final.
-
El empleo de gags basados en el sonido. Resulta inevitable explotar el sonido como fuente de comicidad,
ya que hasta ahora el cine se había visto privado de tan
fértil herramienta. Los estornudos anteriormente citados
son un claro ejemplo de ello, al igual que la escena en la que el
profesor trata de que su alumno pronuncie correctamente el artículo
inglés "the". En otros casos, no tan humorísticos,
el sonido subraya inteligentemente los sentimientos de los personajes:
así ocurre con la melodía emitida por el peluche y
por los cánticos de los pájaros cuando el profesor
despierta junto a Lola Lola, tras su primer encuentro amoroso. Son
notas que expresan el enamoramiento del personaje.
Pero, junto a todos estos recursos
destaca a nivel global la carga dramática con que está
utilizado el sonido. El Ángel azul,
el cabaret donde transcurren los hechos, constituye un auténtico
universo cerrado, en el que el sonido cobra una vital importancia
y se convierte casi en un personaje más. Junto a los sensuales
cantos de Lola Lola, una amalgama de risas, aplausos, gritos de
júbilo y abucheos del público se encarga de crear
una atmósfera penetrante durante toda la película,
que sólo lograrán acallar los desesperados cacareos
de angustia del profesor en el momento más bajo de su degradación
moral.
Sin embargo, El
Ángel azul es, a pesar del repertorio aquí
citado, una película que mantiene una medida muy ajustada
del elemento sonoro. Esta sobriedad es de hecho otra de las características
que la alejan del resto de películas de la época,
que tras el nuevo descubrimiento se lanzaron a saturar la banda
sonora de sonidos, músicas y diálogos, en un torpe
intento de distanciarse del cine mudo anterior. En El
Ángel azul también destacan los silencios,
cuya utilización como recurso permite precisamente que los
elementos sonoros destaquen con más fuerza. Es quizá
uno de sus mayores aciertos. Además, todo los sonidos que
se utilizan en la banda sonora son diegéticos, es decir,
la fuente que los emite pertenecen al universo ficcional. Tan sólo
la música de los planos finales, con el profesor moribundo
aferrado a la mesa de su antigua aula, es extradiegética.
Pero viene a ser igualmente un cierre sonoro inigualable.
Con todo ello, no puede olvidarse
que con esta obra, aún no se ha tocado techo en cuanto a
utilización del sonido. La película, además
de contar con abundantes números musicales que evidencian
todavía una explotación cómoda del sonido,
mantiene en los diálogos su talón de Aquiles. Todavía
estos se producen en un solo plano, con los dos personajes en campo.
Falta algún tiempo aún para que el cine incorpore
la puesta en escena del clásico plano/contraplano, en el
que los diálogos de los personajes pueden ser utilizados
expresivamente al ser insertados de forma alternada sobre la imagen
de cada interlocutor, según convenga.
El Ángel azul es una de las
primeras películas que incorporó el sonido con un
importante sentido expresivo, tras la avalancha inicial de películas
sonorizadas sin más criterio que el de oír lo que
se ve en imagen. Estas películas, conocidas vulgarmente como
talkies, significaron un retroceso respecto a la agilidad narrativa
que se había alcanzado previamente en el cine mudo. Con films
como éste, el cine comienza a asentar las bases de un lenguaje
realmente audiovisual, en el que el sonido participa tanto o más
que la imagen en el proceso de creación de sentidos y emociones.
Realizada en 1930 por Joseph
von Sternberg (a tan sólo 3 años de la incorporación
del sonido al cine), El ángel azul
mantiene algunos rasgos del expresionismo alemán. Además
de la temática, típicamente expresionista, algunos
elementos visuales pertenecen a la puesta en escena típica
del movimiento alemán. Así se desprende de la utilización
de la iluminación contrastada y de las sombras, y de los
decorados utilizados para las escenas de exteriores, repletos de
violentos vértices y diagonales.
Pero su mayor acierto reside, evidentemente,
en sus aportaciones al empleo del sonido en el lenguaje fílmico.
La película obtuvo un éxito fulminante, y sirvió
de catapulta tanto a Stenberg como
a la entonces principiante Marlene Dietrich,
ya que ambos fueron contratados por la PARAMOUNT
en Estados Unidos.
|