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Los lenguajes audiovisuales provenientes
de diferentes formatos, convergen y se relacionan dando origen a
continuas e interesantes novedades formales. Cine, publicidad
y televisión se retroalimentan mutuamente en una incesante
búsqueda de nuevos caminos.
El contagio y flujo de ideas entre todas las artes y lenguajes
ha sido siempre una base de la cultura. En el inmenso mundo de las
ideas, la creatividad vive constantemente realimentada. Escribir
es siempre reescribir e inventar es siempre reinventar. Shakespeare
dijo que el teatro tenía la misión de ser el espejo
del mundo, y, junto al referente de la vida misma, todos los lenguajes
expresivos se nutren de otros en una incesante búsqueda de
nuevas formas, nuevas ideas, nuevas combinaciones y nuevos puntos
de vista.
¿Quién está a la cabeza en este camino en
los lenguajes de los medios de comunicación de masas? Normalmente
entendemos al cine como el medio más personal, (vemos al
comienzo de un film "una película de"). Realmente,
tras las producciones cinematográficas y sus inmensos presupuestos
están las grandes compañías y estudios que
se mueven por un criterio comercial, el poder de muchos productores
con gran influencia y finalmente las cadenas de televisión,
cuyos derechos de antena permiten a menudo que un película
pueda llevarse a cabo. En la publicidad, los creativos de las agencias
tienen a su verdadero productor en el cliente. Éste a veces
confía en los criterios de la agencia, pero otras muchas
impone su criterio sobre la decisión final.
En las cadenas de televisión una larga lista de filtros
sobre los guionistas y directores, dificulta que se puedan realizar
opciones atrevidas tanto en el fondo como en la forma. Los miedos
y demás fantasmas de productores ejecutivos, asesores, jefes
de producción, jefes de área, directores de antena,
programación, accionistas, gestores e inversores publicitarios
terminan por repercutir, casi nunca favorablemente, en la calidad
de los resultados.
Aspectos formales
Curiosamente, en cuanto a aspectos formales del lenguaje se refiere,
quizá sea la publicidad la que se ha colocado en primer lugar
en lo que significa innovación y ruptura. Las explicación
es sencilla. Los responsables de las agencias han convencido a sus
clientes de que su primera misión para triunfar es diferenciarse,
sorprender, captar la atención del espectador para que su
mensaje llegue a buen fin. La publicidad es una especie de parásito
que vive adosado al cine y la televisión. A diferencia de
ellos, el espectador no ha elegido ver publicidad sino que se le
cuela como un virus. Esto obliga al lenguaje publicitario a una
incesante lucha por la diferenciación que obliga a reciclar
e innovar ideas constantemente. Existen dos factores fundamentales
que ayudan a los creativos publicitarios en esta tarea: las altas
dotaciones presupuestarias con que a menudo cuentan, lo que les
permite ser los primeros en probar nuevas técnicas de
producción y post-producción, y el reducido metraje
de los spots (20 o 30 segundos), que les permite emplear opciones
narrativas muy atrevidas, que en duraciones mayores producirían
un cansancio terrible. Otras veces, esta escasez de metraje hace
que la publicidad importe el universo diegético de determinada
película o programa de televisión para facilitar
la comprensión rápida de la historia o para apoyarse
en el éxito de su predecesor (cuántos spots hemos
visto herederos de films o programas de tv de éxito). Utilizar
una determinada música ya muy conocida es otro de
los reiterados recursos del lenguaje publicitario.
Junto a la publicidad, se encuentra abriendo brecha con fuerza
el cine independiente, que arriesga en la búsqueda e implantación
de nuevos códigos. Cuando estas nuevas fórmulas
narrativas están ya muy asumidas por el espectador llegan
al cine comercial y a la televisión. Últimamente el
cine comercial se ha visto obligado a incorporar rápidamente
nuevos estilos debido al ansia de innovación de su principal
clientela: el público adolescente. Tristemente los contenidos
de este cine no han sufrido el mismo desarrollo.
Un ejemplo fácil de cómo se generan todas estas rupturas
de lenguaje sobre la narrativa audiovisual clásica se encierra
en la consigna "convertir un defecto en un efecto".
Tras muchos años donde el cine y la publicidad han trabajado
en depurar la narrativa clásica (mayor número de planos,
más movimiento de cámara, cualidades de fotografía
muy cuidadas, completa cobertura de encuadres), apareció
en los 80 la necesidad de renovarse. Una vez que se había
demostrado que se podía hacer todo "bien" había
que empezar a hacer las cosas "mal", esto llamaría
la atención.
El lenguaje del incipiente video-clip y el redescubrimiento
de las antiguas vanguardias cinematográficas, desde el expresionismo
alemán, la nouvelle vague, el surrealismo y la conexión
con otros lenguajes plásticos, producirían el comienzo
de la renovación del lenguaje audiovisual. Una de las
primeras rupturas que se asentó en el lenguaje publicitario
fue el "plano que se mueve", invención ya presente
en mucho cine independiente filmado con cámara al hombro
y heredado del documental y los reportajes televisivos. Este movimiento
involuntario de la cámara se tradujo en todo tipo de movimientos
compulsivos y "meneos" (ahora si voluntarios), llamados
a provocar cierta tensión. A partir de aquí se desarrollaron
muchas variantes de defectos convertidos en efectos: encuadres torcidos,
saturación de color, de-saturación, desenfoques, contrastes
absolutos, montaje abrupto, fotogramas colados, flashes, imágenes
quemadas, drop-outs, imitación de defectos o arrugas de cinta
, interferencias, etc...
Video-clips y TV
Junto a la publicidad ha habido otro gran explorador de códigos
visuales que ha sido el video-clip. Este género que nace
"cojo" de un lado fundamental del audiovisual al venir
ya predeterminado el audio, hace que toda la creatividad se concentre
en lo visual, en lo que ha sido y sigue siendo un campo abierto
de vertiginosa experimentación de todos los recursos visuales
posibles. Con presupuestos parecidos a los manejados por la publicidad,
tienen respecto a ésta la ventaja de contar con más
tiempo para contar las historias y una mayor libertad expresiva,
ya que no necesitan incorporar un producto (el producto ya es la
canción en si).
La televisión, pese a su papel más conservador termina
siendo el medio donde todos estas nuevas tendencias (a veces simplemente
modas pasajeras) se afianzan y se fijan en la cultura audiovisual.
Y aunque suele ser el último medio a donde llegan las novedades,
si se convierte en ocasiones en inspiración para códigos
que, trasplantados luego a otros medios, se convierten en elementos
de vanguardia o ruptura (como el lenguaje del reportaje, o de cualquier
género televisivo que se convierte, parodiado o sacado fuera
de contexto, en base de una nueva forma de contar.)
Avances Tecnológicos
Desde siempre, muchos de los avances en las formas de contar
historias han venido conectados a avances tecnológicos.
Éstos eran incorporados por los creadores para generar nuevos
códigos, nuevos estilos. La lista de ejemplos es interminable:
el gran angular permite a Orson Welles y a su director de fotografía
Greg Tolland crear un nuevo estilo visual; las cámaras ligeras
de cine en 16 mm y las emulsiones rápidas permiten a la nouvelle-vague
ofrecer mayor verismo en las historias; el uso de steadycam en los
70 abre posibilidades importantísimas a la movilidad de la
cámara; y por fin, en la era electrónica, nacen los
primeros efectos de video con mezcladores analógicos, las
experimentaciones con realimentaciones cámara-monitor, las
colorizaciones y los croma-keys. Más tarde aparecería
la imagen digital, con inmensas posibilidades de procesamiento.
Las cámaras remotas (cabezas calientes), y por último
las infinitas posibilidades de los avanzados softwares (infografía
y modelado en 3D) que permiten día a día pequeños
y grandes avances.
Técnicas más simples
Este constante feedback entre técnica y creación
es el verdadero pilar que sustenta el desarrollo del lenguaje audiovisual.
No obstante, la existencia del condicionante factor presupuesto,
obliga en muchas ocasiones a los creadores a buscar soluciones más
baratas, pero igualmente "efectistas", con capacidad para
provocar el impacto deseado en el espectador sin necesidad de elevadas
inversiones. Así llevamos asistiendo en los últimos
años a una corriente paralela que junto al trabajo por ordenador
y tecnológico, pretende innovar con técnicas más
sencillas, consistentes por ejemplo en mirar hacia lo "amateur",
bien sea imitando el aspecto de una película casera de super-ocho
o video doméstico, o bien buscando deliberadamente "el
feísmo", disfrazando el discurso con una sugerente aspecto
"underground", asimilado a conceptos tan atractivos como
la juventud, la libertad etc.
Un ejemplo evidente sería "Dogma 95", una especie
de reinvención del "cinema verité" de los
60, donde la utilización de cámaras de video de formato
domestico (mini Dv) y la proclamación de un código
de conducta en busca de una depuración contra el teórico
efectismo del cine nos lleva a la aparición de otro efectismo:
el de la aparente realidad construida por ese aspecto de reportaje.
La propia ausencia de los efectos del cine (música subjetiva,
iluminación artificial, travellings , grúas etc..)
a los que estamos tan acostumbrados, se convierte automáticamente
en otro "efecto".
Convergencia
Cada día las barreras entre medios de comunicación
son más finas y la globalización y convergencia de
sus lenguajes es imparable. Hoy no sería nada raro ver un
video-clip que imita la estética de un spot, que se basa
en el aspecto de una película que copia a otra película
en blanco y negro de los 50 que buscaba parecerse a una determinada
serie de televisión.
Alberto Ruiz Rojo es director de cine, series de televisión
y publicidad.
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