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Novecento GandhiEl último emperadorAdiós a las armasLacombe LucienSenderos de gloriaCabellero sin espadaLa ley del silencioLa ley del silencioLa ley del silencio

La Película en la Historia del Cine
Filmografía

El cine ha abordado todos los grandes conflictos del siglo XX y lo ha hecho tomando posición con la proximidad que da la cercanía a lo narrado. Podemos recorrer la primera mitad del siglo a través de grandes frescos como Novecento (1976), Gandhi (1983) o El último emperador (1987), acercarnos a la revolución mexicana ( ¡Qué viva México! , ¡Viva Zapata! ) y a la rusa (El acorazado Potemkin, La madre, Octubre, Siberiada ) o revivir los horrores de la Primera Guerra Mundial (Sin novedad en el frente, La gran ilusión, Adiós a las armas, Rey y patria, Senderos de gloria y tantas otras). Las convulsiones de la sociedad norteamericana se refleja en filmes como El pan nuestro de cada día (1934), Caballero sin espada (1939), Las uvas de la ira (1940) o La sal de la tierra (1953). Podemos recorrer el nazismo a través de todo el cine hecho en Alemania hasta 1940 o ver a los creadores que han dado su opinión sobre el fenómeno fascista, desde los contemporáneos como Lubitsch ( Ser o no ser ), Chaplin (El gran dictador ) o Rossellini (Roma ciudad abierta) y pasando por nombres como Visconti (La caída de los dioses), Louis Malle (Lacombe Lucien) y Agnieszka Holland (Europa, Europa) hasta llegar a los recientes éxitos de taquilla como La vida es bella (1998) o El hundimiento (2004).

Pero sin duda, lo que da su dimensión de documento histórico al cine es su capacidad de reflejar la mentalidad, las inquietudes y los elementos de la vida cotidiana. En el cine de Chaplin, de Eisenstein o de Rossellini hay mucho más que una mirada sobre la Historia, está el reflejo de Historia. Seguramente filmes como El último (1924) o Metrópolis (1926) nos dicen tanto sobre el período de la república de Weimar como muchos acercamientos documentales y, desde el punto de vista sensorial y psicológico, sin duda más. Como señala el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona José Florit :

"...además, una película es siempre una fuente de información sobre el momento en que fue realizada. Ciertamente esto sucede también con la historia escrita, pero en términos generales aquí la historia ofrece un filón más rico. Guión, dirección, montaje procesos de producción y sistema de financiación son elementos muy significativos de la sociedad en la que nació y fue consumida cada realización cinematográfica. Y el éxito o el fracaso de un film nos dicen mucho sobre la opinión pública dominante en el momento en que se producen."  

Cine y política en Hollywood

Esta atención hacia el cine no fue exclusiva de los regímenes autoritarios (la URSS o los regímenes fascistas). La llegada del sonoro coincidió en EE.UU. con el "New Deal" de Roosevelt que prestó mucha atención al cine dentro de su política de educación y comunicación de masas. Desde la administración se animó a las grandes productoras a hacer "americanismo" (es decir, fomentar valores como el individualismo, el pragmatismo y la iniciativa junto al orgullo nacional) mientras se las premiaba con grandes subvenciones para filmes educativos "destinados a la juventud y el ejército".      Con la entrada de EE.UU. en la guerra se creó en 1942 la Office of War Information (OWI) que produjo documentales y películas de propaganda (hasta 1941 la Comisión Clark-Nye vigilaba las películas excesivamente antifascistas para salvaguardar la neutralidad del país). La OWI amplió las restricciones que imponía el Código Hays y llegó a supervisar los guiones de Hollywood para orientar los argumentos evitando la crítica a los valores familiares o militares. Muchos grandes realizadores como John Ford, Frank Capra, William Wyler, Billy Wilder o John Huston participaron en films de propaganda bélica pero los estudios también entraron en esa dinámica con cintas como la mítica Casablanca o la curiosa Mission to Moscow (1943), una cinta pro-soviética que recalcaba el papel de aliados de los rusos (ambas de Michael Curtiz).

Tras la guerra, el clima de guerra fría propició el conocido periodo de "caza de brujas" que supondrá una implacable persecución contra todos aquellos izquierdistas que trabajaban en la industria. Entre 1945 y 1955 sucesivas comisiones intentaron expulsar de todos los estamentos del cine americano de elementos sospechosos de simpatizar con el otro bloque pero las propias majors aprovecharon para hacer "limpieza" de sindicalistas y otros elementos molestos. Cuando acabaron los procesos, tras la Guerra de Corea, además del veto definitivo a los "Diez de Hollywood" (entre ellos Dalton Trumbo, Edward Dmytrik o Ernest Biberman) y de numerosas películas furibundamente anticomunistas, supuso un clima de delación (delataron entre otros Elia Kazan, Robert Rossen o el actor Sterling Hayden) y la marcha a Europa de creadores como Chaplin, Welles, Losey, Jules Dassin o Fritz Lang. Orson Welles dijo sobre este periodo:

"...de mi generación somos muy pocos los que no hemos traicionado nuestra postura, los que no dimos nombres de otras personas. Esto es terrible y uno no se recupera de ello. No sé cómo se puede uno recuperar de semejante traición que difiere extraordinariamente de la de un francés, por ejemplo, que fue delator de la Gestapo para poder salvar la vida de su esposa; es otra cosa. Lo malo de la izquierda americana es que traicionó por salvar sus piscinas."

 Varias cintas han aludido a este periodo como La ley del silencio (1954) en la que Kazan intentaba justificar su delación, El beso mortal (1955), La tapadera (1976) o Caza de brujas (1991). Arthur Miller realizó una brillante metáfora en Las brujas de Salem, una obra que ha merecido numerosas adaptaciones televisivas.