Proceso
Para realizar una grabación podemos establecer una serie de pasos que se repiten habitualmente. En este caso nos vamos a centrar en los casos más habituales que debemos tener en cuenta al grabar simplemente con nuestro ordenador en un pequeño estudio de grabación "casero", aunque también haremos algún comentario que pudiera ser de utilidad para estudios de grabación un poco más complejos:
1º) Selección de la fuente de grabación
Lo primero de todo es establecer qué es lo que vamos a grabar para en función de ello establecer las conexiones necesarias. Podemos tener varios casos:
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Fuente interna. En este caso nos encontraríamos cuando utilizamos los sonidos de nuestra tarjeta o cuando utilizamos programas o instrumentos virtuales que generan el sonido dentro del propio ordenador. El sonido en estos casos puede ser grabado fácilmente estableciendo el canal de la tarjeta de sonido que se utiliza para poder grabar estos sonidos. Esto puede hacerse bien a través del software de gestión que tenga la propia tarjeta de sonido o el propio Sistema Operativo o bien a través del programa de grabación (si este ofrece esta posibilidad).
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Fuente externa. Aquí podemos tener varias posibilidades en función de la fuente del sonido:
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Micrófono. Un micrófono muy básico siempre puede conectarse a la entrada de micro de la tarjeta aunque siempre la calidad de la grabación se incrementará sustancialmente si podemos:
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Tener un micrófono de calidad y adecuado al tipo de instrumento que vamos a grabar.
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Conectarlo a través de la entrada LINE-IN de la tarjeta amplificándolo a través de un previo, un canal de grabación o una mesa de mezclas con preamplificación para micros. También hay tarjetas de sonido que disponen de entradas preamplificadas.
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Colocarlo adecuadamente para captar correctamente el sonido.
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Instrumento con salida de audio. Los módulos de sonido, sintetizadores y samplers, entre otros, disponen de salidas específicas de audio que podemos conectar a la entrada LINE-IN de la tarjeta o, mejor aún, a canales de una mesa de mezclas.
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Equipo de HI-FI. Si el equipo dispone de salida de audio auxiliar podemos conectarla a la entrada LINE-IN de la tarjeta y así podremos grabar cualquier componente del equipo (radio, casete, tocadiscos,...).
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Plato de discos. Los reproductores de discos de vinilo requieren preamplificación. Si está conectado a un equipo HI-FI como acabamos de comentar no habría problema. También se comercializan unos platos preamplificados. Y en último extremo también existen unos preamplificadores para conectarlos al ordenador:
2º) Asignar pistas de grabación
Al realizar la grabación hay que tener en cuenta que todo lo que grabemos en una misma pista no podrá ser tratado de modo independiente a la hora de mezclar. Al planificar la grabación y asignar pistas de grabación tenemos distintas opciones:
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Pistas MIDI. Podemos grabar cada pista MIDI en una pista audio independiente o podemos grabarlas todas (o una serie de ellas) en una única pista de audio pero renunciando a poder controlarlas independientemente. Un caso especial lo presentan las pistas MIDI de percusión. Si por ejemplo el sonido de una batería se registra en una única pista y luego se quieren aplicar efectos distintos al bombo, a la caja y a los platos, no será posible hacerlo. Los secuenciadores permiten trabajar con multitud de pistas MIDI y, según las limitaciones del equipo, con muchas pistas audio. Por eso al grabar una batería, o una pista de percusión en general, si se emplean instrumentos MIDI no hay ningún problema en grabar la información de cada parte de la batería (caja, bombo, timbales, platillos, etc) en pistas diferentes (aunque cada pista envíe la información a través del mismo puerto y del mismo canal: el 10 por defecto). Luego al pasarlas a audio (pasar MIDI a WAV) mantendremos también esa división en pistas y de ese modo en la mezcla podrán tratarse de modo independiente. En definitiva se trata de considerar a las distintas partes de la batería (o de los instrumentos que utilicemos en la pista de percusión) como lo que son: instrumentos independientes. Por otro lado, ese es el motivo también por el que muchos ingenieros de sonido utilizan varios micrófonos para grabar una batería acústica.
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Pistas audio. Nos referimos aquí a la grabación de instrumentos musicales y/o voces. Tenemos distintas posibilidades pero destacamos las siguientes:
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Grabarlos todos a la vez en una única pista. Es posible que en muchas ocasiones para realizar grabaciones en un aula este sea el sistema empleado pero tenemos dos posibilidades:
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Utilizar un solo micrófono. Sin duda es el método más rápido y simple, si bien tiene unas limitaciones de calidad evidentes, aunque tan solo sea por la dificultad de poder equilibrar el volumen de los instrumentos (cuanto más cerca de micro su señal es más fuerte y viceversa).
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Utilizar más de un micrófono. Conectados a una mesa de mezclas y estratégicamente situados la utilización de varios micrófonos permite captar simultáneamente el sonido desde distintas perspectivas y compensarlo en la mesa de mezclas. Aunque al realizar la mezcla antes de la grabación en una única pista luego no hay posibilidad de realizar ajustes o modificaciones.
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Grabarlos todos a la vez utilizando pistas independientes. Para poder realizar esto se requiere una tarjeta de sonido multipuerto, que permita grabar varias señales distintas en pista independientes. Las posibilidades de control en el proceso de mezcla son mayores que en los caos anteriores, aunque la colocación de los micrófonos continúa siendo vital y aún así es difícil que cada micrófono no acabe captando sonidos no deseados. Pero quizás sea la mejor alternativa para grabar un directo.
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Grabarlos uno por uno en pistas independientes. Es la opción que permite tener un mayor control y calidad en todos los procesos de producción musical. Cada instrumento o voz se graba en una pista independiente. Para que el intérprete tenga un punto de referencia se coloca unos auriculares a través de los cuales puede escuchar pistas ya grabadas y a su propio instrumento (por eso casi siempre se suele partir de una pista rítmica que sirve de base para ir añadiendo el resto de los instrumentos).
3º) Selección del nivel de grabación
El nivel de grabación siempre interesa que sea lo más alto posible porque de ese modo se reduce la relación señal/ruido de la grabación. Hay muchos elementos que pueden generar ruido en una grabación: los propios circuitos de la tarjeta de sonido, los cables audio que conectan los dispositivos externos, el que capta la membrana del micro, etc. Un volumen de grabación alto ayuda a "enmascar" ese ruido omnipresente.
Por eso en el control de volumen de grabación de la tarjeta de sonido intentaremos que el canal que corresponda al dispositivo que vamos a grabar esté en los valores más altos pero, por otro lado, debemos cuidar que el volumen con el que entra el sonido que se va a grabar en la tarjeta no sea tan alto que sature la grabación. Cuando se sobrepasa el nivel de entrada de la tarjeta de sonido dentro de la grabación digital se produce un efecto denominado clipping (son unos clics perfectamente audibles que se generan en los momentos en que se sobrepasa el nivel). Generalmente muchos de los programas que permiten grabar el audio de fuentes externas (secuenciadores o editores de sonido, por ejemplo) poseen unos indicadores del volumen de entrada de grabación que nos pueden servir de referencia. Si estos indicadores muestran un volumen de entrada muy alto o muy bajo será necesario modificar el volumen con el que genera el sonido la fuente que estamos grabando:
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Si grabamos los sonidos de la tarjeta o los de instrumentos virtuales podremos modificar este volumen desde el canal correspondiente del control de volumen de reproducción de la tarjeta de sonido.
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Si grabamos los sonidos de instrumentos o dispositivos externos conectados a la entrada LINE-IN de la tarjeta, podremos modificar el volumen desde el propio dispositivo o instrumento o desde la mesa de mezclas a la que estén conectados.
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Si grabamos sonidos desde un micrófono podremos modificar el volumen desde el sistema empleado para preamplificarlo (mesa de mezclas, canal de grabación, previo). Pero si la conexión del micrófono es directa a la entrada MIC de la tarjeta lo único que podemos hacer será alejar ó acercar el micrófono a la fuente de sonido. Aunque éste es un aspecto que hay que vigilar siempre para que el micrófono no recoja una señal o muy débil o demasiado fuerte (y aquí también entra en juego el tipo de micrófono elegido en función de la fuente de sonido que se va a grabar).
Precisamente en este momento del proceso puede ser conveniente (siempre que se disponga de él) aplicar un efecto de compresión al sonido, sobre todo en los micrófonos, para controlar el volumen de entrada y evitar los picos máximos y mínimos que se pudiesen producir estropeando así la grabación.
4º Selección de la resolución de grabación
En principio, siempre conviene grabar y utilizar la mejor resolución de grabación. Ya hemos comentado que grabar a 96khz y 24bits puede tener sus ventajas. Pero por otro lado, también debemos sopesar el precio que debemos pagar por ello. No todas las tarjetas de sonido soportan esta resolución y, por otro lado, el tamaño de los archivos resultantes es más de 3 veces superior a los grabados con calidad CD. Debemos también plantearnos si todo el proceso de grabación se va a realizar a unos niveles de calidad que justifiquen esa resolución. Es decir, no parece que tenga mucho sentido por ejemplo emplear una resolución de grabación tan grande para grabar con un micrófono de sobremesa para ordenador.
Resumiendo, es más que probable que con un equipo de grabación modesto una resolución de grabación muy alta no vaya a aportar ninguna mejora significativa y, sin embargo, sí que tengamos que padecer sus inconvenientes.
Lo que tampoco es recomendable es recurrir a resoluciones de grabación bajas simplemente para obtener archivos de menor tamaño. Todo el proceso de producción musical se beneficia al trabajar con una resolución alta. Una vez terminada la mezcla siempre podemos emplear formatos de compresión de audio. Y más adelante si queremos más calidad podemos volver al archivo original de la mezcla sin comprimir.
Si hemos utilizado una resolución de grabación baja o hemos creado un archivo de audio comprimido, debemos asumir que se producirán unas pérdidas de calidad que no se recuperarán. De nada servirá modificar la frecuencia de muestreo con un editor de audio o pasar, por ejemplo, de MP3 a WAV. La calidad del audio seguirá siendo la misma pero ocupará más espacio.
Otro aspecto que podemos valorar es si la grabación del sonido se realizará en mono o en estéreo. Para decidirlo deberemos plantearnos si lo que vamos a grabar emplea o no una imagen estéreo. Es decir, si va a haber información específica para cada canal o no. Por ejemplo, si vamos a grabar una voz con un micrófono que solamente captura una señal (mono) y decidimos grabar en estéreo, lo único que estamos haciendo es duplicar esa misma señal y asignarla a los dos canales del estéreo (algo que siempre podemos hacer con un editor de audio a partir de una señal mono y que, por otro lado, es lo que sucede cuando reproducimos una grabación mono puesto que la señal se reparte entonces por igual entre los dos canales). Para conseguir una verdadera grabación en estéreo necesitaríamos emplear dos micrófonos para capturar el sonido desde dos perspectivas y después asignar el sonido grabado por cada uno de ellos a un canal distinto. Sin embargo, si vamos a grabar un fragmento de un CD necesitaremos emplear una grabación estéreo puesto que en la grabación, mezcla y masterización del mismo sí se ha jugado con ambos canales y cada uno tiene información específica.
5º Selección de los efectos de grabación
Ya hemos comentado el interés de emplear un efecto de compresión al grabar con micrófono. También podemos emplear otra serie de efectos que pueden utilizar los instrumentos musicales empleados, plugins específicos o la mesa de mezclas. Entre los más habituales pueden estar el efecto de reverb o el de delay. Pero en cualquier caso debemos ser conscientes de que todos los efectos que apliquemos no tendrán marcha atrás una vez grabados. Por eso debemos utilizarlos con prudencia porque si luego cambiamos de opinión tendríamos que grabar de nuevo (y eso no siempre es posible).
Sin embargo, los efectos podemos aplicarlos en la fase de mezclas y probar si nos convencen o no. Y, en todo caso, si queremos eliminarlo siempre podremos hacerlo (siempre que no hayamos perdido el archivo de la grabación original).
6º Monitorización de la grabación
Ya hemos mencionado la importancia de una buena monitorización en la fase de mezclas. También durante la grabación tiene su importancia cuando se comprueba la calidad de la misma y cuando al grabar por pistas (es decir, cada instrumento o voz por separado) necesitamos enviar al instrumentista que vamos a grabar, la señal de las pistas que ya hayan sido grabadas para que le sirvan de referencia y, además la propia señal de su grabación. Cuando la grabación se realiza a través de un micrófono esta monitorización se realiza con unos auriculares, para que el sonido que se reproduce a través de los mismos no entre también por el micrófono que está grabando.
En este punto también merece la pena tener el cuenta el problema técnico que puede suponer la latencia a la hora de realizar una grabación de un instrumentista o de un cantante, por ejemplo. La latencia es el tiempo que tarda una señal en atravesar un sistema. En este caso sería el tiempo que transcurre desde la señal de entrada en la tarjeta de sonido hasta la señal de salida. Este retardo entre ambas se debe tanto a las características de la tarjeta de sonido como al sistema operativo. Dificulta mucho el poder tocar a tiempo con las pistas grabadas previamente y el instrumentista percibirá además un retraso entre lo que toca y el momento en que lo escucha. Para solucionar esto es importante:
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Que la tarjeta de sonido y los programas utilizados permitan emplear drivers ASIO (Audio Stream Input/Output), que reducen la latencia al manejar directamente la información audio que entra en los puertos de la tarjeta de sonido sin recurrir al sistema operativo permitiendo además la grabación de más de dos canales simultáneos (una limitación de las tarjetas de sonido estándar).
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Que la tarjeta de sonido disponga de monitorización directa con latencia cero.
7º Inicio y final de la grabación
Una vez realizados todos los pasos anteriores llega el momento de iniciar la grabación. No hemos mencionado hasta ahora al programa que se utilizará para realizar la grabación. En principio será un secuenciador que maneje pistas audio. Pero también podríamos emplear el editor de audio (u otros programas que permitan la grabación) si sólo queremos grabar una pista. Aunque luego el secuenciador es el que nos va a permitir realizar la fase de mezcla, de aplicación de plugins de efectos, etc. Y el editor de audio siempre se utilizará como complemento importante para la edición del sonido.
Los pasos podríamos resumirlos en los siguientes:
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Iniciar la grabación dentro del programa.
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Iniciar la reproducción de la fuente de grabación que puede ser:
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Intérprete/s que comienza/n a tocar la música.
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Archivo/s MIDI gestionado/s por el secuenciador y que hacen sonar los sonidos de la tarjeta, un instrumento virtual o un dispositivo MIDI externo.
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Reproductor de CD, de casete, de discos, ...
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Detener el programa de grabación una vez que ha concluido lo que se pretendía grabar
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Detener la fuente de grabación.
Durante la grabación podemos monitorizarla con unos auriculares y a la vez, si el programa de grabación dispone de ellos, comprobar los indicadores de los niveles de grabación. Así durante el transcurso de la misma ya se puede comprobar si todo está yendo bien.
8º Comprobación de la grabación
Una vez terminada la grabación puede comprobarse si todo ha salido según lo previsto. Si ha habido dificultades técnicas o si la interpretación de los músicos ha presentado algún problema o, simplemente, se quiere disponer de distintas versiones entonces se realizarán diferentes tomas repitiendo el paso anterior.
9º Edición básica de la grabación
Cada una de las pistas o tomas grabadas puede requerir algunas labores de edición básica antes de iniciar la mezcla. Por ejemplo, podemos eliminar el tiempo previo y final (que puede tener silencio, ruidos de fondo, ...) aunque tampoco debemos apurar en exceso. Además un poco de ese tiempo puede servir para medir el ruido de fondo y eliminarlo con alguna función específica del editor de audio o de algún plugin que realice esta labor específicamente, aunque esto conviene usarlo con moderación porque la grabación puede perder brillo y no debiera utilizarse para mejorar una mala grabación que tengamos posibilidad de repetir.
10º Archivo de la grabación
Las distintas pistas y tomas de las mismas que vamos realizando deberemos guardarlas en formato WAV para que mantengan toda la calidad de la grabación realizada. Conviene tener mucha organización desde el principio para que no resulte un imposible localizar los archivos. Cada sesión de grabación podría grabarse en una carpeta y dentro de ésta todos los archivos de audio perfectamente identificados. Si la sesión es compleja no estaría de más guardar también un archivo de texto que recogiese todo lo significativo del proceso de grabación: configuración de aparatos, micrófonos utilizados y su colocación, conexiones realizadas, sonidos empleados, etc.
El entorno digital permite guardar fácilmente la configuraciones que se hayan hecho sin tener que anotarlas manualmente, pero será necesario que nos acordemos de guardar los archivos que contienen esas configuraciones. Por ejemplo, si empleamos un instrumento virtual y hemos manipulado sus controles para variar su sonido podemos guardar su posición exacta en un archivo. Y, desde luego, no debe olvidársenos guardar el archivo del proyecto del secuenciador.
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