MÓDULO I: LAS TIC Y LA EDUCACIÓN MUSICAL

2. LA MÚSICA EN EL EJE TECNOLÓGICO

 

2.1. Una histórica relación

El desarrollo y utilización que las Tecnologías de la Información y la Comunicación han experimentado en las últimas décadas supone una auténtica revolución en los sistemas de producción sonora, composición, interpretación y consumo musical.

Pero conviene recordar que esta estrecha relación entre el sonido y la tecnología no es nueva: la Música siempre ha estado ligada estrechamente al devenir tecnológico. En el mismo momento en el que el ser humano trasciende su propio cuerpo para producir sonidos ya está usando una tecnología. La creación de artefactos que generaran sonidos supuso, por tanto, un gran avance tecnológico. Los primeros luthiers fueron capaces ya, desde el origen de la humanidad, de idear una gran diversidad de instrumentos con los recursos de los que disponían.

Con el paso del tiempo, los instrumentos, los espacios de representación, las técnicas compositivas o el conocimiento de los principios sonoros siguieron experimentado cambios e innovaciones gracias a la mejora de las tecnologías, lo que provocó también una mayor especialización de los profesionales de la música y una serie de cambios en los hábitos de consumo musical (creación de públicos, nacimiento del concepto de derecho de autoría, etc.) Hasta que llegó el momento en el que el ser humano, gracias a los primeros sistemas de grabación sonora (fonógrafo, gramófono…) descubrió a finales del siglo XIX una forma de registrar de forma perenne la música, dando comienzo, con ello, una auténtica y progresiva revolución que aún continuamos experimentando.

Y es que, no cabe duda, la grabación musical es, en palabras de Solomos, una segunda mutación evolutiva de la música por medio de las tecnologías: “la música se centra cada vez más en el sonido, abandonando o dejando de lado categorías como la melodía, la armonía, etc. (…) La posibilidad gracias al surco cerrado, de aislar un sonido y repetirlo hasta el infinito sitúa al “sonido” como la nueva categoría de la música”.

Es enorme la importancia que estos dispositivos han tenido para la evolución de la música y cómo ha cambiado nuestra relación con la realidad musical gracias a los medios tecnológicos: la percepción que tenemos de lo que escuchamos, la formas de consumo musical, el modo de acercarnos a una audición, las capacidades creativas que nos han otorgado, etc.

Si quisiéramos enumerar, por ejemplo, la cantidad de sonidos que hemos aprendido y que reconocemos únicamente de haberlos escuchado en grabaciones sonoras nos sorprenderíamos: disparos, puñetazos, locomotoras de vapor, amartillar armas, una explosión, rugidos de algunos animales salvajes… Algunos de estos sonidos surgen de manipular o sintetizar electrónicamente realidades sonoras. Pero hay otros casos, como el de una explosión en el espacio, que ni siquiera existen en la realidad y que se crean para las películas de acción o los dibujos animados. Además, cuando escuchamos una grabación musical raramente ponemos en tela de juicio la veracidad de lo que oímos, aunque lo cierto es que el resultado sonoro es una convención social, como tantas otras, que se basa en un pacto de verosimilitud (el estéreo socializado, sin ir más lejos)

Por lo tanto, una de las mayores ventajas que nos han proporcionado los dispositivos de grabación/reproducción del sonido ha sido que nos ha abierto la posibilidad de modificar, transformar o amplificar estos hasta tal punto de podremos llegar a crear sonidos nuevos, lo que nos permite contar con una ilimitada paleta acústica con la que desarrollar nuestra imaginación creativa. El tratamiento digital del sonido ha expandido esas posibilidades manipulativas. Lo que antaño era un trabajo arduo, minucioso y caro (edición en un magnetófono) hoy en día es divertido juego utilizando el ordenador.

Casi todos los docentes de música (y no solo nosotros) hemos aprendido a escuchar música, en buena medida, gracias a este tipo de medios de grabación y reproducción del sonido. Seguro que todos recordamos aquella famosa grabación en vinilo de los años setenta de la obra Pedro y el Lobo de Prokófiev interpretada por la Orquesta Nacional de Paris bajo la batuta de Lorin Maazel de los años 70; o aquel otro disco editado por RTVE que iba explicando cómo se llamaban y cómo sonaban cada uno de los instrumentos de la orquesta.

Pues bien, de la misma manera en que hubo un tiempo en el que los docentes musicales sólo podían explicar cómo era un fagot o un arpa mediante las fotografías que ilustraban los libros, o que para escuchar una sinfonía de Beethoven utilizaban la tecnología de los discos de vinilo y las cintas de casete, ahora toca aprovechar las oportunidades didácticas de un mundo en el que nuestros alumnos se mueven entre descargas de archivos mp3 en su dispositivo portátil, el uso de videojuegos o el intercambio de información a través de la Red. No en vano, el 70% del alumnado entre once y diecisiete años escuchan música diariamente en formato mp3 a través del ordenador o de dispositivos portátiles. A la hora de realizar actividades de audición podríamos pedir que busquen en Emule o en Limewire alguna versión del Réquiem de Mozart y que se descarguen el Lacrimosa en su dispositivo portátil… seguro que lo harán con más diligencia que si les pides que busquen el CD en la biblioteca de su barrio. Está claro que la oportunidad está ahí; es cuestión de aprovecharla.

 

2.2. Incidencia de las TIC en la interpretación musical

Uno de los atributos especiales que otorgamos a la música es su manifestación sonora como producto natural, como si fuese la manifestación misma del alma del compositor. En esta suposición, arraigada en nuestra cultura, atribuimos al intérprete (y también a las tecnologías) un papel subordinado: el de ser un mero intermediario o mediador entre el compositor y su público.

Este énfasis en la expresión personal y en la autenticidad subyace en buena parte de los prejuicios que tenemos sobre la música popular y los medios tecnológicos. Es cierto que la música popular, electrónica e incluso la comercial necesitan de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para existir, pero ¿ocurre lo mismo con la música clásica? Aquí se nos plantean ciertas paradojas.

Hasta la llegada del estudio de grabación se partía del supuesto que cada interpretación de una obra musical era única e irrepetible, mientras que una grabación es siempre igual a sí misma y artificialmente perfecta. En el momento en que determinados intérpretes como Glenn Gould sostuvieron y demostraron con los hechos la idea contraria algo cambió en esta relación entre la tecnología y la autenticidad.

Gould renunció en 1964 a su prometedora carrera como concertista de piano porque consideraba que el concierto se había convertido en un acto social alejado del verdadero espíritu de la música, y renunció a toda ejecución que no fuese grabada. Se formó y se convirtió en un experto de sonido y nos dejó una magnífica colección de discos construidos con múltiples tomas en diferentes sesiones. Gould jamás interpretó esa música tal y como suena en el disco. Pero ¿acaso no tienen esas grabaciones el mismo valor? Aún así, hoy en día está considerado como uno de los grandes intérpretes de Juan Sebastián Bach.

En esta misma línea, no tenemos más que recordar el caso de los Mili Vanilli que, en 1990, fueron despojados de su Premio Grammy al Mejor Artista Revelación cuando salió a la luz que ellos no interpretaban realmente ninguna de las canciones de su disco. Ese disco era un producto comercial resultado por un lado de las modernas tecnologías aplicadas a las grabaciones en estudio y por otro de las estrategias mercadotécnicas de la industria cultural de la música.

Por lo tanto, esta realidad de la que hemos puesto sólo un par de ejemplos, ha convertido el concepto mismo de interpretación en algo problemático, al menos tal y como se ha venido entendiendo tradicionalmente. En esta misma línea resulta muy interesante leer el artículo del compositor Edson Zamronha sobre cómo los nuevos medios de tecnología musical afectan a la interpretación de música en directo.

Por todo ello, habrá que reconsiderar los conceptos musicales que hemos heredado y que transmitimos como docentes para hacer justicia a la diversidad de prácticas y experiencias que la palabra “música” expresa en el mundo actual.

Dejando a un lado la controversia entre si tiene o deja de tener valor la mediación tecnológica de la música en directo, o las grabaciones que surgen de este tipo de intervenciones, lo que es indiscutibles es que este tipo de interpretaciones musicales son responsables de la enorme disponibilidad de música que encontramos en la sociedad actual; y ello influyen de manera decisiva en los nuevos usos y hábitos de consumo de la música, como trataremos más adelante.

El caso es que las TIC aplicadas a las interpretaciones de música nos ofrecen como docentes una de las herramientas tecnológicas más utilizadas en las dos últimas décadas ya que han posibilitado la escucha y el análisis pormenorizado de obras musicales. Los aparatos de reproducción de discos vinilo, los magnetofones para casetes, los reproductores de discos compactos, o los sistemas portátiles de escucha actuales (ipod, mp3…) se han convertido desde el principio, y con una supremacía absoluta, en la herramienta tecnológica por excelencia para el aula de Música. Estos medios son el germen del uso de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información.

¿Cuáles son las aplicaciones de las TIC en el campo de la interpretación?

Con un ordenador, un micrófono y un software podemos realizar grabaciones de las actividades musicales en clase. Su escucha puede servirnos como autoevaluación de la misma. Este tipo de actividades sencillas también posibilita que el alumnado se sienta protagonista y considere que lo que hace es importante, permanece en el tiempo. La seriedad con la que los jóvenes se toman este tipo de sesiones de grabación y cómo juzgan el resultado sonoro nos sorprende siempre. Pero entonces, ¿por qué quedarnos ahí? ¿Por qué no digitalizar esa grabación y utilizar los medios informáticos para exprimir un poco más la experiencia?

 

2.3. Incidencia de las TIC en la composición musical

Como hemos visto, las posibilidades que ofrece la grabación sonora son muy diversas para la música y por supuesto también para la enseñanza de ésta en todos los niveles de enseñanza preuniversitaria.

Los programas de grabación digital permiten que desde un ordenador tengamos un control absoluto sobre el resultado sonoro final sin necesidad de ser verdaderos instrumentistas, expertos informáticos ni técnicos profesionales de la grabación. Las herramientas tecnológicas son múltiples y muy variadas y están al servicio de la creatividad musical tanto de jóvenes estudiantes como de expertos compositores. Lo único que nos hace falta es ponernos manos a la obra y dejar rienda suelta a nuestras ganas de hacer música.

Mucha de la música del siglo XX y del incipiente XXI a la que se etiqueta de “difícil o de rara ejecución” tiene que ver mucho con las TIC; es decir, están creadas gracias a la asistencia y uso del ordenador. De la misma forma, la intervención de éstas ha dado origen a nuevos estilos en los que los sistemas de grabación intervienen bien directamente o mezclando grabación y ejecución en directo. En estos casos, la grabación sustituye o complementa a la partitura.

Como explica Alfonso García de la Torre en un artículo sobre la Música y las nuevas tecnologías “con el desarrollo de la electrónica el compositor pudo grabar, manipular y reproducir el sonido con fines compositivos. A mediados de este siglo varios compositores comenzaron a utilizar en sus obras sonidos y ruidos grabados del medio ambiente ("Música Concreta"), mientras otros obtenían nuevos materiales sonoros utilizando exclusivamente instrumentos electrónicos ("Música Electrónica"). Estas corrientes se unifican con el término "Música Electroacústica" que aparece en 1959, y se podría definir así a aquella música en la que se utiliza de una forma creativa cualquier equipo electrónico, estableciéndose por tanto un compromiso con la tecnología.”

Pero además, las nuevas tecnologías han liberado al compositor de la preocupación de tener al intérprete como único mediador entre la música que surgía de su cabeza y el público. Obsérvese que sobre este tema, Eduardo Bautista García, vicepresidente de la Sociedad General de Autores de España, ya hacía en 1995 la siguiente reflexión sobre el presente y futuro impacto de las TIC en el mundo de la música:

¿Cuáles son las aplicaciones de las TIC en el campo de la composición?

Hasta ahora, la creación musical por parte del alumnado estaba muy limitada por la dificultad que entrañaba interpretar esa música en el aula con los medios que tenemos actualmente. Como veremos mas adelante, existen determinadas aplicaciones como los secuenciadores que nos ofrecen la posibilidad de programar actividades de creación musical. En ellas los chicos y chicas puedan tener a su disposición todo tipo de timbres instrumentales y lo más interesante es que podrán escuchar y valorar el resultado sonoro durante el proceso.

Sólo necesitamos poner en funcionamiento la iniciativa, la imaginación y la creatividad para que se expresen libremente por medio de la música. En la medida en que estas actividades suponen un trabajo colectivo, también favoreceremos el desarrollo de habilidades de cooperación, así como la necesidad de apoyar y apreciar las propuestas y contribuciones de los demás.

 

2.4. Incidencia de las TIC en el ámbito del consumo musical

La disponibilidad de música en la sociedad actual representa la culminación de todo un proceso cultural en el que las tecnologías han provocado la evolución y el desarrollo en el mundo de la música.

Si tomamos como referencia, por ejemplo, el siglo XIX, los contemporáneos de Beethoven únicamente podían acceder a la música cuando ésta era ejecutada en vivo, ya fuera en una sala de conciertos pública, en el salón de una casa privada, o en alguna actividad popular realizada en la calle. Una de las industrias que más se desarrolló hasta la Primera Guerra Mundial fue la fabricación de pianos verticales lo bastante pequeños como para caber en las casas de la clase media. Y paralelamente a esta nueva forma de consumo musical, aumentó la composición y la publicación de partituras fáciles para este nuevo público de aficionados.

Pero las tecnologías siguieron evolucionando y los ámbitos de consumo musical también.

En la actualidad tenemos todo un museo imaginario de música dentro de nuestro ordenador. Gracias a un dispositivo mp3 portátil los adolescentes integran el bebop o el heavy metal en su propio paisaje urbano mientras pasean o viajan en autobús. La música está en el centro de la vida cotidiana y se ha convertido en un elemento más de definición del estilo de vida personal, al mismo nivel que otros elementos como pueden ser la forma de vestir o el peinado.

Nosotros como profesionales de la educación musical podemos decidir si escuchar una cantata de Bach, el último disco de Sting o música balinesa… es un tipo de elección que mejora nuestra calidad de vida. De la misma manera y gracias a la tecnología de los DVD podemos ver grandes óperas desde nuestro salón o incluso descargar en nuestro ordenador un vídeo sobre la “danza de los monos” basada en el Ramayana balinés. Apreciar el hecho cultural en general, y la música en particular, lleva implícito disponer de aquellas actitudes que permitan acceder y apreciar manifestaciones musicales diversas. Es necesario desarrolla en el alumnado la sensibilidad musical y el sentido estético necesario para que puedan comprender, valorar, emocionarse y disfrutar de una amplia variedad músicas de distintos estilos, géneros, tendencias y culturas musicales.

Con ello, potenciaremos la capacidad de analizar y valorar críticamente los diferentes usos sociales de la música. Los adolescentes aprenderán también a valorar no sólo el sonido sino también el silencio como fenómenos naturales y sociales, tomando conciencia de la función que tiene la música como parte integral del medioambiente y utilizando conocimientos de la ecología acústica para aproximarse a paisajes sonoros variados.

Sólo tenemos que aprovechar las variadas posibilidades tecnológicas que los medios de comunicación nos ofrecen e integrarlas en nuestras actividades de enseñanza-aprendizaje y en nuestra vida.

Cuando más conscientes seamos que todos y todas somos consumidores musicales, y tratemos a la música como un producto al que tenemos acceso también electrónicamente, más posibilidades y mayor será nuestro disfrute del arte de los sonidos.

¿Cuáles son las aplicaciones de las TIC en ámbito del consumo musical?

Con las nuevas tecnologías aplicadas al consumo musical ofrecemos al alumnado la posibilidad de conocer y valorar la diversidad musical que existe a su disposición a través de Internet. De esta manera tomarán conciencia de que la música forma parte de la cultura de diferentes épocas, lugares y colectivos.

Pero además les capacitamos también para que sean autónomos a la hora de seleccionar qué música les apetece escuchar en cada momento o situación personal, y todo ello sin dejar de ser sensibles y respetuosos con todas las manifestaciones musicales y artísticas en general.

ACTIVIDAD nº 2 . Industria musical y South Park

En los siguientes enlaces puedes visionar algunos vídeos difundidos a través de Youtube que abordan, de distinta forma, el tema de la distribución y descarga de música a través de la Red:
¿De qué manera podrías incluir este tipo de recursos dentro de la programación de Música de secundaria? ¿Qué conceptos trabajarías? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene la utilización de este tipo de herramientas?